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Sagrado Corazón de Jesus

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SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS 

Es significativo iniciar este nuevo mes para nuestra Institución Educativa, por el honor de llevar su nombre precisamente fundado en una época histórica vivida en nuestro país, cuando este fue consagrado al Sagrado Corazón, en el país determinaron que una próxima institución educativa llevara su nombre, la comunidad salesiana estaba de negociaciones y le fue concedido un sí, en esta ciudad que nos acogió desde el 14 de febrero de 1928 son 89 años de presencia ininterrumpida, educando a las jóvenes payanesas , para que realmente sean como queremos sean   según nuestro lema de ser: “buenas cristianas y honestas ciudadanas”.

En su reseña histórica encontramos lo siguiente: “Cuatro hermanas fundadoras llegaron a Popayán procedentes de Bogotá: Directora, Sor Concepción Ospina; maestras, Sor Dolores González y Sor Camila Vélez, y administradora, Sor Paulina Busca.

La primera directora, como ya se dijo, fue Sor Concha Ospina hija y hermana de presidentes, quien se ganó de inmediato el aprecio de la ciudadanía y, en particular, del Maestro Guillermo León Valencia, el cual se convirtió en un precioso colaborador y amigo de las hermanas e, incluso, retiró a sus tres hijas del plantel en donde estudiaban, y las pasó al nuevo Colegio. La entrada de las hermanas a Popayán fue el 16 de enero de 1928. Las acogieron en su casa las hermanas Vicentinas. Desde su llegada recibieron los saludos de la sociedad payanesa, quienes se congratularon con su presencia y les manifestaron su aprecio.

El 14 de febrero de 1928, con decreto número 192, Monseñor Maximiliano Crespo, obispo de Popayán, autorizó a las FMA. la apertura del Colegio Sagrado Corazón en la ciudad. La nueva obra pertenecía a la Parroquia de San Agustín y su párroco era el P. Francisco Negret.

Las hermanas inmediatamente se dedicaron a preparar el Colegio y dieron inicio a las inscripciones, no solamente en Popayán, sino en poblaciones vecinas, dado que se iba a abrir el internado. En pocos días se agotaron los cupos. Al llegar a 100, se cerraron las matrículas y, por la escasez de hermanas, no se abrieron los tres primeros cursos de primaria, ni los dos últimos de secundaria, además porque se trataba del segundo semestre, puesto que el año escolar terminaba en Junio (calendario A).

Las primeras estudiantes eran mayores de 15 años. No fue fácil para las hermanas este inicio, dado que algunas de las estudiantes eran un poco insubordinadas, pero gracias a la intervención del Señor y de María Auxiliadora, unida a la sabia acción educativa de las religiosas, el grupo fue entrando en la normalidad del comportamiento.

Con el correr del tiempo el prestigio el Colegio fue en ascenso, y jóvenes de diferentes estratos sociales aspiraron a ser admitidas en él. En sus inicios la enseñanza impartida se encaminó a la formación comercial de las estudiantes, con el fin de dotarlas de una educación práctica. La finalidad que perseguía el gobierno con la fundación del nuevo Colegio, miraba poder responder a las exigencias de la educación de las señoritas de Popayán, no solamente en el plano social y religioso, sino en el plano de la formación técnica, en vista capacitarlas para ganarse el pan en forma digna y decorosa, cuando se hiciera necesario. Además, se sugería se les enseñara modistería, comercio, pintura, música entre otras.

La primera promoción de graduandas de Comercio tuvo lugar en el año de 1930, y los títulos de esta especialidad siguieron otorgándose ininterrumpidamente hasta 1946, cuando se reformó el pensum de estudios, para destinarlo a la formación de bachilleres. Los primeros diplomas de este género se entregaron en 1949.

A pesar del valor estético e histórico del claustro, y muy a pesar de la Comunidad, hubo que abandonarlo, debido a la creciente demanda de cupos, y a la necesidad de contar con instalaciones más adecuadas a los nuevos requerimientos.

El 7 de octubre de 1972 el entonces presidente de la República Misael Pastrana Borrero, el Arzobispo, monseñor Miguel Ángel Arce y las autoridades civiles se hicieron presentes para la colocación de la primera piedra, de lo que más adelante sería el nuevo plantel, ubicado al norte de la ciudad, en un lote del Seminario. El edificio terminó de construirse en el año 1977.

Actualmente la Institución educativa Sagrado Corazón de Jesús es considerada como una de las mejores de la ciudad, y se esfuerza por responder a las exigencias de la comunidad juvenil que estudia en sus aulas. Orgullo de la Institución es el contar con un inmenso grupo de exalumnas, que han prestado y prestan actualmente, valiosos servicios a la sociedad, sea como profesionales que como madres de familia. Muchas de ellas han podido ingresar a la Universidad, y se distinguen por la formación salesiana que ha hecho de ellas “Buenas cristiana y honestas ciudadanas”.

La planta física de la Institución es probablemente la más hermosa de todos los Colegios de la ciudad, pero se debe a la generosa colaboración de los padres de familia, quienes, a través de la Junta de padres, ha liderado año por año una serie de actividades, tendientes a recaudar fondos para completar la obra en sus inicios, y para el embellecimiento y mantenimiento de la misma.

La Institución se encuentra comprometida en este momento en la tarea de llevar adelante un proceso de calidad, con el fin de alcanzar, en su debido momento, la certificación que otorga el Estado, a las Instituciones que cumplen con todas las normas técnicas de calidad. Por otra parte, se pretende responder a las demandas de la Iglesia, quien cuenta con los educadores católicos, como formadores de personas íntegras, comprometidas en la construcción de una sociedad justa y solidaria.

Para nosotras, como Salesianas, es fundamental la formación de la mujer, con una conciencia clara de su valor como personas, de su dignidad, y del deber que les compete por el privilegio de la educación recibida, de comprometerse en la formación de otras mujeres, que no cuentan con los mismos recursos. Dicho en clave salesiana, la tarea es la de ser: “auxiliadoras con la Auxiliadora”.”

Al Sagrado Corazón queremos encomendar cada una de sus familias que lo acoja, para que en ellos se derrame como es su promesa real y concreta sus bendiciones, su gozo, su paz y su amor.